Paula
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Como exalumna de este centro, quiero compartir mi experiencia y advertir a las familias interesadas en matricular a sus hijos aquí.
Al igual que otros usuarios, acudo a este espacio para denunciar prácticas que considero inadecuadas y poco éticas por parte del Liceo Sagrado Corazón. Mis padres se dieron cuenta del error que habían cometido al inscribirme en este colegio cuando acudí por primera vez a terapia, y en la sala de espera se encontraron con otros adolescentes con el mismo uniforme. Ese fue un primer indicio de que algo no iba bien.
Se trata de un entorno profundamente clasista, donde se presume de valores cristianos pero que, en la práctica, actúa con indiferencia ante casos graves como el acoso escolar. He presenciado cómo ignoraban repetidamente situaciones de bullying hasta que intervino personal médico o incluso la policía. Solo entonces se planteaban tomar medidas.
Durante mi etapa en el centro, sufrí situaciones lamentables: profesores que gritaban descontroladamente en clase (una conducta conocida tanto por otros alumnos como por adultos), o que llegaban tarde porque habían estado bebiendo durante las horas lectivas. Estas conductas eran silenciadas o minimizadas por la dirección.
En el bachillerato, además, se intentaron encubrir comportamientos inapropiados de carácter sexual por parte del profesorado hacia alumnas. Esto, sin duda, me parece uno de los aspectos más graves y preocupantes.
A pesar de que el centro afirma estar preparado para atender a alumnos con necesidades educativas especiales, mi experiencia fue completamente distinta. He visto a muchos niños y niñas con dificultades de aprendizaje sufrir abandono y falta de apoyo. En lugar de inclusión, se promovía una sensación de rechazo y desinterés.
Por otro lado, existe un trato de favor hacia las familias más afines al centro o al personal docente, lo que se traduce en beneficios materiales y económicos, como material escolar pagado pero nunca entregado. Estas prácticas generan una sensación de injusticia generalizada entre el alumnado y sus familias.
El colegio fomenta una ideología de superioridad frente a otros centros, inculcando a sus alumnos que deben sentirse orgullosos simplemente por pertenecer al “Liceo”, lo que crea una burbuja elitista alejada de la realidad.
Uno de los episodios más humillantes que recuerdo ocurrió con las alumnas nacidas en 2002 y 2003: éramos sacadas al pasillo en mitad de las clases para que nos midieran la falda con una regla. Esta práctica, además de denigrante, terminaba en la obligación de comprar una nueva prenda por apenas dos centímetros de diferencia, en los últimos meses de curso y con un coste elevado (40 €). Una medida desproporcionada que solo contribuye a la vergüenza y la inseguridad corporal de adolescentes en formación.
Mi consejo a cualquier familia que valore la salud emocional y el desarrollo integral de sus hijos es claro: si pueden evitar este centro, háganlo. Ahórrenles una infancia y adolescencia marcadas por el miedo, la discriminación y la falta de empatía.